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La Monja Homicida

Publicado en Movies con etiquetas , el 12/03/2012 por insermini

En Killer Nun (Suor Omicidi), una producción italiana de 1979  Anita Ekberg interpreta a Sor Gertrude, una monja bastante trastornada que lucha contra los delirios de su mente para mantener su fé en Dios. Junto a ella la sensual Paola Morra y el icono pop Joe Dallesandro. La película fue un éxito en muchos países europeos pero en Italia fue retirada de los cines a las dos semanas de su estreno. A la Iglesia no le gustó ni su contenido ni el escandaloso reclamo que rezaba en el poster: “De los archivos secretos del Vaticano“. Sin más dilación os contamos enterita La monja Homicida, una “nunsploitation” facturada en el país más católico del mundo.

Las monjas se entregan a los oficios religiosos mientras de fondo oimos sus voces entonando salmos. Durante la escena de los créditos la acción se detiene en los confesionarios, donde una monja se confiesa.

No puedo perdonarle padre. No puedo. Dice la monja con una voz que da bastante miedo. El padre confesor le dice que es su deber como religiosa perdonar, que ese hombre lleva muerto años y que debe incluso rezar por su alma. Ojalá esté en el infierno, dice ella. Sólo de pensar en lo que me hizo, hace que quiera vengarme en todos los hombres. Todo esto escandaliza al cura, que le advierte a la monja que ha perdido su estado de gracia. No puedo absolverte, dice.

Una alegre Anita Ekberg cruza el plano mientras va gritando que ya es hora de levantarse. Unas voces le contestan: Buenos días, hermana Gertrude. Ella entra en una habitación y descubrimos que estamos en un geriátrico. Los pacientes dicen cosas de viejos verdes y bromean con la hermana. Ella hace como que no le gusta pero por lo que se ve hay muy buen rollo.

Gertrude acude a la consulta de cirugía donde el médico trata a un paciente con una enorme pústula.

Traigame el escapelo, hermana Gertrude. Dice el doctor. Ella acude diligente a por el instrumento, pero entonces algo ocurre.

Mosqueado por su tardanza, el doctor protesta.

- ¿Qué pasa contigo esta mañana?.

- Usted sabe bien lo que ocurre, doctor.

- No puede estar sufriendo a causa del post-operatorio.

- ¡Es cáncer!, doctor, ¡Es cáncer!

Gertrude dice que avisará a la hermana Mathieu para que la sustituya.

En ese momento la hermana Mathieu (Paola Morra) atiende a Peter, un paciente que no se corta en decirle que está demasiado buena para ser monja. Ojalá pudiera verla en bikini, dice.

Una vez liberada de la desagradable consulta de cirugía Gertrude se dispone a cambiar las bolsas de goteo de los pacientes. Pero entonces, de nuevo, se bloquea.

Desposeído de la bolsa, el paciente agoniza y Gertrude lo observa ensimismada. De nuevo el doctor interviene y recrimina duramente a la monja.

En el pasillo, el doctor lamenta el comportamiento de Sor Gertrude, que durante 10 años ha sido ejemplar.

- ¿Por qué se comporta así?

- No estoy bien doctor.

Según el doctor, los últimos chequeos que le han hecho demuestran que todo está bien. Aunque no lo han dicho claramente deducimos que a la monja le extirparon un tumor recientemente.

- Sufro terribles jaquecas, cambios de humor repentinos y pierdo el control de lo que estoy haciendo. Veo borroso. ¡Necesito más morfina!

El doctor prácticamente la acusa de ser una drogadicta y afirma que todos sus síntomas no son más que bobadas. Se niega a darle morfina y también rechaza su petición de ser ingresada y puesta en observación.

- Hablaré con la madre superiora, pues.

- Haga lo que le parezca mejor.

Gertrude llama por teléfono a la madre superiora (Alida Valli) y no tiene más exito que con el doctor. La conversación se puede resumir en pocas frases: “Los informes médicos dicen que está usted bien. Y en cuanto a su sufrimiento, hermana Gertrude, debe saber que la vocación de una monja es sufrir”.

- ¡Perra!

En el siguiente plano, un misterio.

La hermana Mathieu roba un documento en una sala oscura.

Al día siguiente la hermana Gertrude lee la Biblia mieentras los internos comen. Cada uno lo hace según sus idiosincrasias. Unos sorben la sopa ruidosamanente,  otras mastican con la boca abierta…

…pero lo que más le repugna es una señora mayor que tiene la dentadura metida en un vaso de agua.

Tanto asco le da que hace esto:

La señora se echa a llorar.

Los demás se quedan alucinando. Consciente de que ha sido un poco bruta, Gertrude intenta consolar a la anciana pero es tarde y se lía una buena en el comedor.

Algunos llaman a gritos a la hermana Mathieu.

Lo que no saben es que la hermana Mathieu sigue con sus misterios y en ese momento está quemando una radiografía en el baño mientras Peter y otra enfermera la espían.

Por la noche descubrimos que las hermanas Gertrude y Mathieu duermen en la misma habitación separadas tan sólo por una vaporosa cortina de hilo. Aunque lo más sorprendente es descubrir que hay monjas que duermen desnudas.

Entre lágrimas, Gertrude se sincera con Mathieu y le dice que está muy sola. “En este hospital todos me odian, hasta los pacientes. Quizá incluso tú”. Conmovida, Mathieu abandona el lecho.

Las dos amigas se sinceran.

Para darle ánimos la hermana Mathieu le dice que ha quemado las radiografías en las que el doctor basaba sus opiniones y le asegura que sin ellas tendrán que hacerle nuevas pruebas.

– Tomarán en serio tus problemas de salud.

- ¿Te has vuelto loca?

- No. Te amo, hermana Gertrude. Siempre te he amado.

El timbre del teléfono interrumpe las confidencias. Mathieu atiende la llamada.

- Es el Dr. Poirret. Quiere que vayas inmediatamente. La señora Josephine está en coma. 

Así pues, la anciana de la dentadura está muy mal. Ver a la monja pisotear su ortodoncia ha sido demasiado para su corazón.

El doctor le pide a Gertrude que prepare el equipo de reanimación  rápidamente pero esta en lugar de hacer nada se queda fuera y se pone a contar muy despacio: 1, 2, 3, 4 …

Cuando llega a doce vuelve a entrar. La anciana está muerta.

El doctor critica a Gertrude por su ineficiencia y muy disgustado, sale de la habitación. La hermana aprovecha la coyuntura para registrar las cosas que la muerta guardaba en el cajón. Entre unas galletas saladas Tuc y otras porquerías de vieja encuentra un anillo.

Atormentada por su comportamiento Gertrude habla con Dios.

Le dice que la perdone, que no es ella la que comete todas esas maldades. Es por culpa de sus problemas de salud. Si tuviera morfina, nada de esto pasaría. La hermana Mathieu aparece de pronto y le dice que se olvide de la morfina, que el doctor no le recetará más.

- Entonces la compraré fuera.

- ¿Cómo? No tienes dinero.

Entonces Gertrude le muestra el anillo.

- Es un anillo de mi madre. Lo guardaba para tí, Mathieu, pero ahora ya no podré dartelo.

Viaje a la ciudad para comprar morfina. Suena una música alegre.

A la hermana Gertrude el cambio de aires le sienta muy bien y después de vender el anillo se va a un bar a tomarse un copazo.

El camarero la trata de Madame y le pregunta qué desea. El diálogo no tiene desperdicio.

- Oh, es tan agradable ser tratada como una señorita. Creo que empezaré con un… hombre.

- ¿Disculpe?

- Uh! Un coñac.

Liberada de los hábitos y de las represiones del hospital, se permite un cigarrito.

Y claro, lo siguiente es pensar en los hombres. Pasa revista a los que están en el bar.

Un señor con barba le hace gracia, pero lo descarta porque va acompañado. Se fija en un hombre solitario que hay en la barra.

Empiezan las miraditas y ella responde subiendose un poco la falda.

Vuelve la música alegre. Salen a la calle y aquí hay un plano en el que un extra mira a cámara descaradamente hasta casi detenerse, no una sino dos veces. Es el señor de la izquierda con la chaqueta negra.

El coqueteo continúa en la calle. Juegan un poco al gato y al ratón pero no tardan en refugiarse en un portal.

La música alegre alcanza sus notas más altas y para nuestra sorpresa el coito se consuma sin que haya crimen.

Otra vez en el convento/hospital Gertrude acaricia un sujetador negro que se ha comprado en la ciudad.

Después de dejarle un regalito bajo la almohada a la hermana Mathieu descubrimos que ha aprovechado bien el tiempo y se ha hecho con un buen alijo de morfina. Lo esconde en el cajón de la cómoda, bajo la Biblia, claro. ¿Dónde si no?

Pero los desmanes de Gertrude son ya la comidilla del hospital y el propietario del hospital se atreve a censurar su comportamiento de las últimas semanas. Ella se crece ante la adversidad y dice que sólo admite críticas de la madre superiora y que si alguien es un desastre es el doctor Poirret. Está mayor y anticuado. Tiene que echarlo.

En la habitación Gertrude se arrepiente en voz alta de sus duras palabras sobre el doctor y agitada por el remordimiento se abalanza sobre la cómoda.

- Dame la absolución, Señor.

Una música de sitar nos anuncia que la hermana Gertrude ya está colocada. Cae al suelo y empiezan las visiones.

En su delirio parece evocar la intervención quirúrgica a la que fue sometida. (Aquí aviso que evito los frames más gore). Que si una incisión. Una vieja con sombrero demasiado maquillada. Gertrude y un muerto en bolas sobre una camilla. No entendemos nada.

Un paciente descubre a la monja en el suelo y la traslada a la cama.

¿Y qué consigue el buen hombre? Que le golpeen en la cabeza y que lo tiren por la ventana.

La primera en asomarse a la ventana es la hermana Mathieu mientras que bajo la primera en socorrer al muerto es Gertrude. ¿Qué pasa aquí? Entre el trip de la monja y la narrativa algo confusa no podemos afirmar nada.

En las ventanas, caras de susto.

Todos piensan que ha sido un suicidio. No te preocupes, nunca sabrán la verdad. Le dice la hermana Mathieu a Gertrude. 

- ¿De qué hablas? Fue un suicidio.

- Esto estaba en la lavandería. Menos mal que no lo vio nadie. Es un velo y lleva tus iniciales. Lo quemaré.

Gertrude se lleva las manos a la cabeza y grita: “Dios mío, ¿pero qué he hecho?

Al día siguiente el doctor Poirret aborda a Gertrude en el pasillo. Le dice que le han despedido y que la echará de menos. Es usted la mejor colaboradora que he tenido.

Por su expresión está claro que se siente culpable. Se asoma a una ventana para tomar aire. Melancólica, observa como los internos aprovechan el buen tiempo. Bailan y hacen el tonto.

De pronto se forma un gran revuelo. Algunos internos rodean a un hombre.

Es Joe Dallesandro, el nuevo doctor. La hermana Getrude dispersa al grupo y disculpa su comportamiento. Son como niños malcriados. Dice. Y haciendo gala de su autoridad le pide a la hermana Mathieu se los lleve y que organice un juego para entretenerlos.

La hermana Mathieu le comunica que han decidido jugar al juego de la verdad y que la primera pregunta es para ella. Peter le hará la pregunta.

- ¿Por qué mató a Jeanot? (el hombre que supuestamente se tiró por la ventana).

La hermana Gertrude no encaja bien la pregunta y pone fin al juego. Al dispersarse, el grupo la mira como si fuera una asesina.

Al cabo de un rato estalla una tormenta y la hermana, que se ha demorado en el jardín, presencia una escena lujuriosa.

La silla de ruedas no impide a un anciano practicar sexo con una mujer que trabaja en el hospital. Gertrude se santigua. El audio nos recuerda la confesión del principio cuando una monja decía eso de: “Le veo a él en cada hombre. No puedo controlarme.” Vemos una mano con guantes rosa y unos algodones…

La misma mano que a continuación le llena la boca de algodones al anciano.

Esa noche Gertrude despierta atormentada. Mathieu acude a su cama para consolarla.

Pero Gertrude no está de humor para insinuaciones lésbicas y se refiere a la hermana Mathieu como “prostituta de la peor calaña“.

También la acusa de ser una lesbiana de pacotilla: He visto cómo te comportas con el nuevo doctor. ¡Perra!

Después le pide que mire debajo de su almohada. Allí encuentra el regalo que le trajo de la ciudad. Son unas medias de seda. Obediente, Mathieu se las pone.

- Sólo puedo hacer el amor con una mujer si lleva unas medias de seda. Asegura Gertrude.

No sabemos con certeza si las monjas han tenido sexo o no porque la escena termina y ya de día vemos a Joe Dallesandro en su despacho. Mathieu entra y tienen una conversación sobre la hermana Gertrude.

- La hermana Gertrude fue operada de un tumor cerebral hace poco. Por fin alguien verbaliza lo que todos sospechábamos. De forma casual, la hermana Mathieu se asoma a la ventana y avisa al doctor.

Sí, es el cadáver del anciano paralítico.

A partir de aquí todo empeora para la hermana Getrude. El doctor Joe le recrimina la dureza con la que trata a los pacientes y estos le muestran su odio negándose a comer en su presencia. Esa noche Gertrude es insultada por los pacientes y finalmente es atacada por alguien en el pasillo. No sabemos quien porque solo vemos un bastón que la golpea.

Joe tiene una charla con el propietario del centro y le dice que ha notado cosas muy extrañas  en el hospital.

Mientras tanto, se está cometiendo otro crimen, esta vez más truculento que los anteriores. La víctima, una interna que sugirió haber visto al agresor de Gertrude.

Para tranquilizar al doctor el propietario decide llamar por teléfono a la hermana Gertrude. Ella tarda un poco en contestar, y en las manos…

… los guantes rosa!

De pronto Gertrude descubre que hay alguien colgando en el hueco que usan para tirar la ropa sucia.

Ya en sus aposentos, y en pleno shock la hermana Gertrude grita que no es una asesina mientras la hermana Mathieu intenta tranquilizarla. El doctor Joe prepara una inyección.

Claro que luego no sabe muy bien donde ponersela porque la hermana Gertrude tiene los brazos hechos una colador de tanta morfina que se ha metido. Creo que podemos ahorrarnos el plano, no es precisamente agradable.

Al despertar del colocón la hermana Gertrude mira con desconfianza a Mathieu y aprovecha que esta duerme para salir de la habitación. Después le hace una visita a Peter.

Gertrude quiere saber porqué Peter le hizo aquella desagradable pregunta en el juego de la verdad. Por eso lo seda y se lo lleva a un cuarto para interrogarlo.

- ¿Quien te pidió que me hicieras esa pregunta? ¡Dimelo, Peter! ¿Quién puede odiarme tanto?

Como él se niega a contestar ella le roba las muletas. Él protesta de forma exagerada, casi como si le hubiera hubiera cortado las piernas.

Ella, serena, deja las muletas al final de una escalera y dice que volverá al cabo de un rato. Él, aterrorizado, intenta recuperarlas trepando com puede hasta ellas.

Mientras tanto la hermana Mathieu busca por todo el hospital a Gertrude, como si temiera que alguna fatalidad está a punto de suceder. Después de interrogar a algunas enfermeras le hace una visita al doctor Joe.

Gertrude lo ve todo. ¿Acaso Mathieu y el doctor conspiran contra ella?

Pero no es lo que parece. Mathieu le explica que está preocupada por la ausencia de Gertrude. Él la tranquiliza y le dice que se vaya dormir. Mientras tanto Peter sigue trepando por la escalera hacia las muletas y la hermana Gertrude descubre que alguien le ha robado la morfina.

Por suerte en el suelo encuentra una dosis. Se la inyecta, claro.

Por fin Peter ha llegado hasta sus muletas pero entonces una monja de la que solo vemos parte del hábito le quita las muletas. En el siguiente plano, la hermana Gertrude post-colocón:

- Si, Peter ha muerto. La hermana Mathieu habla por teléfono con la madre superiora.

Mathieu dice que la policía sospecha que la hermana Gertrude es la autora de todos los crímenes. La madre superiora ni se escandaliza ni nada. Dice que un coche irá a buscarla.

Mathieu acompaña a Gertrude al coche. Antes de subir pregunta: ¿Por qué, Mathieu?

Entonces descubrimos que la superiora no vive en el hospital y que por eso siempre hablan con ella por teléfono.

- ¡Has traido la desgracia a la Orden y Dios te castigará por ello!

Pero no todo es tan terrible. Gertrude no irá a la cárcel. La madre superiora ha convencido a la policía de que los crímenes son en realidad desgraciados accidentes y no habrá investigación.

- Sé que estoy mal de la cabeza, Madre. Pero no soy una asesina.

¿Y vosotros qué opináis? ¿Es una asesina? Ahora lo veremos…

A Gertrude se la llevan a una celda donde recibirá el tratamiento especial y por cómo lo dicen no debe ser nada bueno.

En el hospital el doctor Joe le echa la bronca a Mathieu por haber permitido que Gertrude se convirtiera en una drogadicta.

Ella reconoce haber robado morfina del hospital para dársela a Gertrude pero dice que lo hizo por amor. Él se muestra muy duro y asegura que lo denunciará todo a las autoridades. Ella se lo toma  muy mal. Coge un bisturí y hace como que se va a cortar las venas.

Desesperada, ella le habla de sus habilidades amatorias. – Puedo hacerle muy feliz, doctor.

Mientras tanto la hermana Gertrude está en la celda así de triste.

Nada que ver con lo que ocurre en la consulta del doctor Joe.

- Hora de su medicina, hermana.

En el retiro de su celda la hermana Gertrude por fin lo comprende todo. La hermana Mathieu es la asesina. Puede verla cometiendo todos los crímenes.

- ¡Debo matar! ¡Debo matar! Le grita Mathieu a un confesionario vacío.

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Voy a ser mamá

Publicado en Movies con etiquetas , , el 20/01/2012 por insermini
Nueva entrega de Todo Spoilers. David Marmota, de Vivir en Tucson nos cuenta The Stranger Within (1974), una película escrita para television por Richard Matheson y protagonizada por Barbara Eden. Junto con Rosemary’s Baby una de las grandes aportaciones al subgénero de “Futuras madres”. Si alguna vez habéis pensado tener un bebé quizá deberiáis leer antes esta historia.
1.
Ann (Barbara Eden), artista local, y David (George Grizzard), profesor, son Los Collins, una pareja que toma vino después de la jornada laboral y hablan de como les ha ido el día. Hoy Ann está algo inquieta. Tras un chequeo rutinario ha descubierto algo insólito: Es posible que esté embarazada. Parece increíble, ¿no? A su edad, y con la vasectomía de David…
Acuden al Dr. Klein (Neremiah Persoff) y les confirma la noticia. David no da crédito (el médico le dice que él no puede ser el padre) y Barbara parece algo ausente ¿Ha sufrido un shock o es que está siendo poseída por una extraña fuerza? Veremos…
2.
La vida de Los Collins no ha vuelto a ser la misma tras esto. Barbara guarda reposo en la cama y sólo se levanta para beber toneladas de café, o para abrir las ventanas. Parece que está algo destemplada. David, aunque sigue dudando de la fidelidad de su mujer, la cuida lo mejor posible. Le lleva el desayuno a la cama y mientras se viste observa como se echa una cantidad industrial de sal en las tostadas ¿Es bueno tanto café y tanta sal para una mujer embarazada?
3.
Pero lo mismo que hace estas cosas tan poco saludables, también hace cosas recomendables como caminar durante horas por unas colinas cercanas. Lo de menos es que se llene completamente de barro.
Otra cosa que también hace a menudo es leer muchos libros y escuchar mucha música. Pero no de una manera normal, sino que lo hace mediante el escaneo con las manos. Y, bueno, que lo haga en casa vale, pero en la biblioteca…
4.
Phyllis (Joyce Van Patten) y Bob (David Doyle), amigos de la pareja, acuden a verlos. Barbara sigue con sus excentricidades (la última es saborear comida cruda y quejarse continuamente de cualquier ruido) y David sigue con su desconfianza.
Bob, aficionado a lo oculto, hipnotiza a Barbara para salir de dudas sobre quien es el padre.
La respuesta desconcierta a todos: “El padre vino en una nave espacial”.
5.
A partir de aquí, todos los acontecimientos se precipitan. A Barbara le aparecen unas heridas en la cara que desaparecen de un fotograma a otro.
Por otro lado, la comunicación madre-hijo es más fluída de lo normal  y Barbara empieza a tener un comportamiento hiératico con su marido, al que abandona por ordenes del feto, yéndose a vivir a una cabaña, donde da a luz (a pesar del poco tiempo que lleva embarazada). En principio, el hijo parece un ser humano normal. ¿Y esa revelación del padre que vino del espacio?
Pues algo de eso hay, porque la última vez que Barbara pasea por las colinas la vemos sosteniendo a su bebé junto a una procesión de madres que hacen lo mismo.
Alguien viene a recogerlas, formando una nube de polvo, que David observa desde la ventana.
Un vistazo al último cuadro pintado por su mujer le hace comprender, ella ahora vivirá con su hijo en otro lugar, más allá de las estrellas.
FIN

Déjese hacer el amor por nuestro querido invitado, Terence Stamp

Publicado en Movies con etiquetas , el 07/01/2012 por insermini

Por ManoloBAngBAng

Con Teorema (Pier Paolo Pasolini, 1968) tenía una cuenta pendiente que por fin hoy podré cerrar gracias a esta invitación del Dr. Insermini animándome a contarla toda enterita para una de las secciones estrella de este blog, la fotonovela definitiva de la era divx, o lo que es lo mismo, una nueva entrega de Todo Spoilers. Lo de la cuenta pendiente y Teorema viene de hace unos años, casi quince, cuando en el marco de un festival de cine me disponía a verla y tras unos minutos de proyección me quedé profundamente dormido. Fue un trance espeso y terrible. Recuerdo despertarme de repente, empapado en sudor y con la boca pastosa, mientras en pantalla se leía la palabra Fine y el atronador y catárquico grito de Massimo Girotti me electrocutaba de pura angustia en mi butaca. Comprenderéis que el recuerdo de la experiencia tenía mucho de traumático y no ha sido hasta ahora que he podido reconstruir la pesadilla y otorgarle no un orden, sino un argumento, porque después de todo, Teorema tiene un argumento y es el siguiente.


La cosa empieza así abruptamente, con unos planos de unas naves industriales. En semejante lugar se desarrolla una improvisada rueda de prensa en la que los periodistas preguntan a un señor encorbatado por lo que parece una noticia insólita: el patrón y propietario de la empresa ha entregado su propiedad y su gestión a los trabajadores. Se habla de la burguesía, de su evolución. La escena es bastante confusa. Le preguntan al representante de los trabajadores si se trata de un hecho aislado o de una tendencia moderna. La respuesta es que se trata de una tendencia. Se formulan nuevas preguntas, ¿significa esto el fin de la lucha de clases? ¿permitirán los burgueses que los trabajadores se conviertan a su vez en burgueses? ¿qué clase de revolución implica? Estamos desbordados con tanta interrogación y sofocados por los empujones de los periodistas cuando de repente aparecen los títulos de crédito.

A continuación aparecen una serie de planos silenciosos en blanco y negro que describen el entorno fabril como un lugar estático y vacío. Se intercalan unos planos metafóricos de unas dunas agitadas por el viento y mantos de arena. Por primera vez, aparece el patrón de la empresa, en su coche, abandonando su lugar de trabajo.


Cambio de escenario. Edificio del Liceo donde estudia Pietro, hijo del patrón. Pietro sale de clase y… vuelven a aparecer los planos metafóricos de las dunas de la playa. Según se aprecia, Pietro es un chico normal. Marcha con sus amigos mientras hace el ganso como es propio de su edad estudiantil. A lo lejos divisa a una chica y deja de hacer payasadas, se despide de sus compañeros.


Simultáneamente, Odetta, hermana de Pietro, sale también de su instituto y en un ambiente muy gris aderezado por una música depresiva camina con sus amigas con el semblante serio. Un apuesto joven releva a sus compañeras. Está cortejando a Odetta. No oímos lo que se dicen, tan solo el movimiento de sus labios al son de la música deprimente. Pese a que ella intenta evitarlo, el chico toma la carpeta de Odetta, la abre y aparece una foto tamaño din-A3 de un señor maduro muy guapo que parece un galán de cine de cinecittá. En este instante todo parece muy misterioso y hermético. Luego sabremos que ese señor es el padre de Odetta, el patrón de la fábrica. Por supuesto, tras conocer este dato, el misterio deja de ser un misterio a secas para ser un misterio un tanto incestuoso y bastante psicoanálitico. Aún así el chico sonríe y le hace la cobra a Odetta. Esta no se deja engatusar y con expresión de dolor de muelas echa a correr con la carpeta pegada al pecho y la cola de caballo al viento. Alcanza a sus amigas y el chico, abandonando sus intenciones, se suma al grupo.


Momento importante: presentación de la madre de Odetta y Pietro, Lucía, interpretada por la gran Silvana Mangano. Está leyendo un libro, con los labios perfiladísimos, las pestañas oscurecidas y el pelo de peluquería. Es la señora de la casa y a continuación entra en el salón otro personaje muy importante: la criada. El momento criada es un momentazo. Parece una viuda joven a lo Anna Magnani con un rostro bello pero demudado por la tristeza y el sopor existencial, su intensa mirada melancólica tiene tal poder que el espectador se siente culpable sin saber por qué. Le dice algo a su señora, pero no podemos oír los diálogos, así que no sabemos muy bien de qué va la escena. No habrán demasiados diálogos a lo largo de la película. La música sigue siendo deprimente y esta parte de la historia es en blanco negro. Lucía se santigua a resultas de lo que le ha dicho Emilia, la criada.


La cuestión es que la música cambia a un ritmo más ligero, como de guateque versión Morricone, y entonces aparece en la puerta de la mansión familiar un personaje cien por cien Pasolini: Ninetto Davoli. Aunque interpreta a un empleado de correos, Ninetto Davoli empieza a hacer esas cosas de mimo y saltimbanqui que uno espera de él, se mueve en círculos, improvisa un baile muy alegre y agita los brazos como si volara. Trae un telegrama para la señora. La criada Emilia lo mira con disgusto, Ninetto Davoli sonríe y le pide un beso. No hay diálogos, sigue la música de guateque. Emilia pone cara de haberse comido una pipa amarga y se despide con el telegrama en mano.


Comida familiar. La familia está reunida en la mesa del salón comedor y el patrón, padre de familia, lee el telegrama.

Con la llegada del telegrama llega el color a la película, ya no será en blanco y negro. Ahora estamos en un guateque de verdad y aparece por primera vez Terence Stamp, el invitado que anunciaba su llegada. Parece que la tristeza ha quedado atrás y la familia incluso sonríe.


Nuevo escenario: el invitado (más bien el Invitado, así en mayúsculas y en abstracto) está leyendo un libro en el jardín. La criada Emilia lo observa con ojos ávidos. Pronto descubrimos que más que avidez se trata de lascivia bien cochina. En un momento dado, la ceniza del cigarro que fuma el Invitado se desprende sobre su pantalón y Emilia corre como una loca para limpiar la mancha y a continuación vuelve a sus tareas. Hace como que limpia de hojas secas el césped pero sigue mirando al Invitado con esos ojos de mujer italiana que lleva viuda, y sin catar varón, durante demasiado tiempo. Deja el rastrillo y se va corriendo a la cocina donde abre un pequeño armario, se mira en el espejo, se quita los pendientes y se encomienda a las imágenes de los santos. Acto seguido abandona la cocina y vuelve al jardín, ahora se dirige hacia la máquina cortacésped y se pone a segar como una perturbada mientras dirige miradas al invitado Terence Stamp, que se acaba de repantigar en sus sillón cual adonis con expresión ensoñadora.


Y claro, la criada ya no puede aguantar más y se le queda esta cara:


Llorosa y trastornada abandona el cortacésped y regresa al interior de la casa a toda prisa. Se dirige a la cocina donde intenta suicidarse con una manguera de gas butano. El Invitado corre en su auxilio y arrastra a Emilia hasta su cama. Le pregunta si se encuentra mejor y la criada, sin articular palabra, responde subiéndose la falda hasta más arriba de las bragas. Él intenta tranquilizarla y le baja de nuevo las faldas. Ella empieza a besarle las manos con devoción y más lágrimas. Llegados a este punto, Terence Stamp cumple con lo que se le pide y le hace el amor. En lugar de la escena de sexo, vemos de nuevo los planos de las dunas misteriosas.


El Invitado comparte habitación con Pietro, y ahora que la peli ya es en color sabemos que éste es un zanahoria, pelirrojo con piel lechosa y pecas. Una noche se preparan para meterse en la cama y se desvisten a la vez mientras vuelve a sonar de fondo la música de guateque. Pietro se muestra más pudoroso que el Invitado, que en un momento dado aporta uno de los poquísimos datos que sabemos sobre él: “esta era la habitación en la que dormía cuando era niño”. Así pues, se acuestan y apagan la luz. Pietro no tarda en levantarse para retirar la manta que cubre a Terence Stamp y observar su desnudez. Al ser descubierto, Pietro se excusa lloroso, avergonzado y regresa a su cama. El invitado Terence abandona su lecho y decide consolarle.


Al día siguiente. Lucía encuentra un libro de Rimbaud en el suelo y lo coloca sobre un taburete. Está en el salón de su casa, sola. Observa unas ropas sobre el sofá, camisa, pantalón y calzoncillos. Alguien se ha desvestido allí mismo: el Invitado. Mira las prendas con expresión enigmática y tímida sonrisa, las acaricia y sale al exterior de la casa. Se oye el ladrido de un perro. El invitado, muy ligero de ropa, está corriendo y jugando con él por el jardín. Lucía se desnuda completamente y se echa sobre el césped. Aparece el Invitado brincando con el perro y llama a Lucía por su nombre. Ella dice: “¡Estoy aquí!”. Él se queda observándola desde la distancia. Ella se muestra ansiosa y se muerde un dedo mientras espera que él se aproxime. Finalmente se abrazan en el suelo y hacen el amor.


A continuación Pietro le enseña un catálogo artístico al Invitado, en silencio. Hay un montón de silencios. A estas alturas queda claro que nadie habla demasiado. Más tarde, avanzada la noche, estamos en la habitación de Lucía y su marido, Paolo. Parece que él no se encuentra bien. No sabemos si padece indigestión, insomnio o algo peor. Así que se levanta y se dirige al baño. Está indispuesto. Vuelven a aparecer las imágenes de las dunas de la playa con las sombras de las nubes proyectadas sobre ellas. Paolo deambula por su hogar como alma en pena. Sale al exterior, se oyen ladridos de perro y el canto de los pájaros. Está amaneciendo. Vuelve a entrar en casa y abre la puerta de la habitación que comparten su hijo Pietro y el Invitado. Ambos duermen en la misma cama abrazados. Paolo regresa a su habitación y se mete en la cama de nuevo. Repentinamente decide hacerle el amor a Lucía pero esta protesta: “¡Son las seis de la mañana!”.


Más tarde, Paolo está en cama, enfermo. Lee un libro acompañado de su hija Odetta. Le dice al Invitado, “este libro trata de un hombre enfermo como yo” y lee en voz alta un fragmento de “La muerte de Iván Ilich” de León Tolstoi: “Guérassime estaba a cargo de la limpieza, era un campesino joven, saludable y limpio…” y le entrega el libro a su invitado para que siga leyendo. En este momento de enfermedad ya no suena música de guateque, suena el Réquiem de Mozart. Odetta yace junto al lecho de su padre y lo acompaña en estos duros momentos. El Invitado sale un momento de la habitación pero no tarda en regresar. Se aproxima al enfermo, aparta la sábana que lo cubre y lo coloca en una posición singular con los pies desnudos en alto.


Por la tarde, los tres se han trasladado al jardín. El enfermo, su hija, la bella Odetta y el Invitado. Comparten una agradable velada. Odetta cae bajo el hechizo de este último y va a por su cámara de fotos réflex para inmortalizar el momento. Tras hacer unas fotografías de los dos hombres, toma al Invitado de la mano y lo lleva al interior de la casa, a su habitación. Le muestra algunos recuerdos, aunque no tarda en desnudarse y entregarse a él para que le haga el amor.


En la siguiente secuencia Terence Stamp acompaña a Paolo en un trayecto en coche hasta la playa. Aunque sólo vemos imágenes de dunas de arena, horizonte y cielos nubosos, Paolo se entrega también al irresistible Invitado mientras escuchamos su voz en off: “¡Tú me tentaste, mi Dios! ¡Y yo te dejé hacer! Tu me forzaste y venciste.”


Momentos después, la criada Emilia recibe un nuevo telegrama de manos del saltimbanqui empleado de correos y telégrafos Ninetto Davoli. Ante el desparpajo del mensajero, Emilia pone esta cara:

En el telegrama hay un escueto mensaje para el Invitado. Tras su lectura este dice: “Debo marcharme, mañana.” Lucía recibe la noticia como tiro.


Lo mismo le pasa a Pietro que cae en profunda depresión y se sincera ante el Invitado, abriéndole su corazón y narrándole el profundo cambio que se está produciendo en su identidad. De fondo, vuelve a sonar el Requiem de Mozart. Le dice: “Tú alteraste el orden natural de las cosas”.


Luego será Lucía la que se abra de corazón. Le confiesa al Invitado la importancia de su llegada y la miseria que habita en su vida: “ No sé cómo puedo soportar tal vacío”.


Le toca el turno a Odetta. “Nuestro encuentro me hizo sentir como una muchacha normal.” Se muestra desolada ante la marcha  repentina de su amigo. “Tenía miedo, solo amaba a mi padre”. Derrama abundantes y amargas lágrimas mientras escuchamos los coros del Réquiem.


Momento ahora para el padre de familia, Paolo: “Viniste aquí para destruir”. Se lamenta de cómo el Invitado ha sacudido su ser en lo más profundo. “Destruiste la idea que tenía de mí mismo”.


La familia al completo, junto con Emilia, la criada, despide al Invitado. Éste se sube a un coche y desaparece.


Aparece Emilia, con un gran maletón. Abandona a la familia, se monta en un autobús y regresa al pueblo, un lugar rural y empobrecido semejante a una vieja factoría abandonada. Emilia permanece muda. Una vez llega allí, deja su maleta y se sienta con determinación en un ruinoso banco de madera. Allí permanece hierática y muda.


Mientras tanto, Odetta rememora la visita del Invitado. Recorre los lugares del jardín donde compartieron sus mejores momentos. Ocurre una cosa sorprendente: se dirige hacia la nueva criada, ocupada en la cocina, y la llama por su nombre: ¡Emilia! Parece requisito indispensable que las criadas se llamen todas Emilia y vistan de luto riguroso. Le pide un metro a ésta para tomar medidas en los lugares por donde anduvo el Invitado. Da la impresión de perseguir a un fantasma.


Volvemos al pueblo de la primera Emilia, y descubrimos que la gente empieza a asomarse en las ventanas para observar a la extraña mujer, que permanece callada y triste en su banco.


Odette, repasa las fotografías que tomó del Invitado en el jardín. Acaricia las partes favoritas de su cuerpo.


Su ausencia le resulta absolutamente insoportable y se echa en la cama desconsolada, presa de la angustia y el llanto. Hay una imagen de la Duna Polvorienta y luego vemos a Odetta en la cama, enferma, aferrando algo en su mano, algo relacionado con el Invitado que no sabemos qué es.


El médico acude a visitarla, pero no hay nada que hacer. Y mientras, la criada Emilia permanece sentada en el banco de su pueblo. Las ancianas y las gentes del lugar empiezan a considerarla una mujer santa. Se arrodillan y se santiguan ante su presencia.


La nueva criada Emilia, aparece en la habitación de Odetta e intenta que ésta abra el puño para que le entregue lo que esconde, pero sin conseguirlo. Llegan los celadores de un hospital mental, con una camilla y se la llevan.


Volvemos al pueblo con Emilia. Sus gentes acuden en masa con un niño enfermo en brazos. Cualquiera diría que a la criatura le han pintado con un rotulador de punta gorda un sarampión. Al comparecer ante Emilia, el niño sanará.


Nos ocupamos ahora de Pietro. Se ha volcado completamente con la actividad artística. Dibuja sin parar, emborrona papeles y estalla en una risa histérica.


En el pueblo con Emilia otra vez. Le llevan viandas en agradecimiento. Ella dice que no tiene hambre. Se limita a señalar algo con el brazo bien rígido: unas ortigas silvestres. Los niños recogen ortigas y preparan una infusión con ellas para Emilia.


Suena el Requiem y vemos Pietro entregado a una febril actividad artística. Trabaja sobre grandes láminas de acetato transparente. Escuchamos su soliloquio sobre la creación artística y la necesidad de hallar una técnica original propia de un arte nuevo, basado en reglas desconocidas, original, que no se parezca a nada anterior. Se marcha de casa, rumbo a un taller artístico donde continúa su trabajo. En las ventanas ha pintado un eslogan: “los Estados tocan fondo, las Iglesias tocan fondo, ¡viva el quitpaint!”. En su interior se enfrenta muy solemnemente a un lienzo azul y practica el piss painting sobre él.


En el pueblo con Emilia. Ha tomado tantas infusiones de ortigas que su pelo empieza a mostrar una cierta tonalidad verdosa. Una protoanciana la observa y dice: “Mírala, tiene la cara irritada a fuerza de comer ortigas. Dios mío, qué escándalo”.


De vuelta al taller artístico de Pietro. Experimenta con técnicas insólitas, como coger frascos de pintura a ciegas, al azar y aplicarlos sobre el lienzo sin intervenir con pinceles.


Estamos ahora con una deprimida Lucía. Se viste y se sube al coche, rumbo a la ciudad. Allí establece contacto visual con un chapero y se entrega a él en una sórdida habitación. El joven le hace el amor como se lo hizo el Invitado en su momento.


Mientras su amante yace desnudo, dormido, Lucía abandona la habitación. Vuelve a montarse en el coche y estalla en un llanto desgarrador mientras conduce por Milán. El Requiem de Mozart vuelve a sonar. Sigue conduciendo y se detiene para recoger… ¡a dos chaperos más! Conduce con ellos rumbo a un lugar apartado donde le harán el amor… otra vez.

Tras apearlos de su mini, Lucía acude a una iglesia, suponemos, presa de un ataque de culpabilidad.
En el pueblo otra vez. Sus habitantes se reúnen en la plaza, algo grande está ocurriendo, se hacen doblar las campanas: Emilia está levitando sobre un tejado con los brazos en cruz.

Nos vamos con Paolo, el padre. Conduce por su fábrica, muy serio y trastornado: “¿Qué ocurriría si decidiese desprenderme de todo, y entregar mi fábrica a sus obreros?”. Acto seguido lo vemos caminar por la estación de tren. Se detiene tras divisar a un hermoso ragazzo di vita sentado en un andén, intercambian miradas. Este encuentro enfrenta a Paolo con su nueva identidad y allí mismo se desprende de todas sus ropas hasta quedar desnudo ante todos. Sus pies desnudos avanzan por la estación, por la playa, por las dunas polvorientas.


Volvemos con Emilia. Ha dejado de levitar y la vemos con expresión beatífica sentada en su banco de siempre. Otra protoanciana acude a su encuentro. Emilia dice: “Andiamo”, y atraviesan carreteras hasta llegar a un descampado en obras. Emilia toma una pala y se la entrega a su acompañante. Se tumba a los pies de una pala excavadora y procede a enterrarse allí mismo. Le dice a la anciana: “No tengas miedo, no he venido aquí a morir, sino a llorar. Mis lágrimas no son lágrimas de dolor, ¡no!, ellas formarán una fuente que no será una fuente de dolor. Váyase ahora. ¡Adiós!”


He aquí la fuente.


Paolo camina desnudo por dunas polvorientas. Corre, tropieza, cae en el suelo, se arrastra por la naturaleza. Exhausto, de su garganta emerge un grito desgarrador: ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhrrrrrrrrrrrrrrrrrrgggggggggggggggggg!!!!!!!


FINE

Carrie y las culebras

Publicado en Movies con etiquetas , el 24/12/2011 por insermini

En esta entrega navideña de Todo Spoilers os voy a contar Jennifer, una oscura producción de 1978 que fusila alegremente el argumento de Carrie (1976). Aquí no hay telekinesis pero sí un extraño poder para invocar a las culebras, carreras de coches y música disco.

La pelirroja Lisa Pelikan toma el relevo de Sissy Spacek con notable entusiasmo y desde el poster nos avisan que Jennifer hace que Carrie parezca un angelito. Veamos si es para tanto. Con todos vosotros, Jennifer.

Jennifer vive con su padre, un señor de pobladas cejas obsesionado con las serpientes y lo que la Biblia dice de ellas. Si bien no es tan malvado como Piper Laurie también tiene a su hija totalmente controlada y mediatizada.

Las primera cosa que le dice por la mañana es “no vengas tarde que tienes que preparar la cena” después le pregunta si ha estudiado y si ha dado de comer a los animalitos. Porque Jennifer y su padre tienen una tienda de mascotas.

Jenny, resignada, sale de casa y empieza a sonar una canción mientras aparecen los títulos. Una voz varonil canta  “Jennifer, there is magic in your name“. De fondo, unos fatalistas coros femeninos repiten ¡Jennifer! ¡Jennifer! Con la canción llegamos a Green View, el colegio pijo donde estudia Jennifer.

Allí no tarda en toparse con Sandra Tremaine, una perra rubia de mucho cuidado, que no hace falta decirlo es la némesis de Jennifer en el insti. Por supuesto Sandy tiene a sus amigas en el puño y para que quede claro hace cosas como escribir sobre la espalda de una de ellas.

Me gustaría señalar la increíble manera de mascar chicle de Sandy. Mientras le dirige a Jennifer unas maliciosas palabras mastica el chicle con una energía inaudita. Personalmente es un detalle que me llegó, y lo digo sin ironía posmoderna.

Después de echar un cigarrito en el baño Sandy y las chicas van a clase, donde les espera un examen. El profesor pilla a Sandy copiando y ella dice que la chuleta se la ha pasado… Jennifer.

El profesor no cree que Jennifer esté implicada pero el asunto llega a oídos de la directora, la sra. Calley, que como se aprecia en la captura lleva unas gafas muy discretas.

Así termina un día más en el instituto Green View.

En casa Jennifer cuida de un gatito enfermo y le sirve la cena a padre- le llamaremos padre. El muy desagradecido protesta porque Jennifer ha cocinado carne roja. Dice que no soporta la carne roja porque es cosa del demonio.

Jennifer intenta contarle la movida que ha tenido en clase y le habla de Sandy, le dice que es la chica más guapa del instituto. Padre dice que debe mirar más allá de la belleza de las personas y se pone a recitar la Biblia. Después saca un recorte de periódico de cuando Jenny era pequeña.

Padre lamenta que Jenny haya perdido el poder que tenía de niña, cuando se hizo famosa por manosear serpientes venenosas sin que le mordieran.

Al día siguiente Jennifer tiene una conversación con Sandy. Jennifer dice que quiere ser su amiga pero Sandy le dice que sus días en el Green View están contados. Al abrir su taquilla Jennifer descubre que le han tirado huevos a sus cosas.

Por si fuera poco Jennifer es pobre y tiene que trabajar en la cocina del instituto sirviendo a las chicas, incluída Sandra Tremaine. Ese día Sandy acusa a Jennifer de tirarle sopa en el brazo a propósito y monta el número en la cantina para que todo el mundo se entere de lo mala persona que es Jennifer.

Afortunadamente interviene el profesor Reed, del que Sandy está enamorada y la cosa no llega a mayores.

Por la noche Sandy y las chicas se ponen guapas para ir a la disco. Sandy opta por un sofisticado look retro con mucha lentejuela, collares y un increíble gorro que a mi me recordó a las actrices del cine mudo. Todavía me pregunto cómo lo hizo para esconder ahí dentro su melena rubia.

Sandy y las chicas se marcan unos bailes en la pista. Jane, la gorda del grupo no lo pasa tan bien.

Agotada de tanto baile, Sandy se sienta a fumar y a maquinar maldades con un ligue suyo.

Jennifer se ha quedado en casa cuidando del gatito enfermo. Padre aparece y ella le dice que en el instituto la llaman pueblerina y que se burlan de ella porque no es rica. Padre arquea sus descomunales cejas.

Jennifer y padre tienen una charla que va subiendo de tono. Ella le corrige cuando él dice que madre murió. ¡Mamá nos abandonó! le grita. Padre se altera y dice lo bueno que sería que ella recuperase “El Poder”. Jenny no está de acuerdo y grita asustada cuando padre se acerca a ella con unas serpientes.

Jennifer sale a la calle y corre como una loca mientras le asaltan visiones de cuando era niña.

Así termina otro día en la vida de Jennifer.

Al día siguiente, en clase el profesor les habla de… serpientes.

Jennifer tiene una extraña charla con el profesor delante de toda la clase. Jenny dice que Dios da “El Poder” a aquellas personas de corazón puro y que entonces las serpientes no muerden a a esas personas. El profesor lo flipa y la clase se descojona con las ocurrencias de Jenny.

Pero el día mejora cuando unas compañeras invitan a Jenny a unirse a su equipo de natación. Claro que no pueden evitar decirle que eso que dijo de las culebras en clase les había dado muy mal rollo.

Jennifer no sabe nadar muy bien y Sandy no deja pasar la ocasión de intentar ahogarla en la piscina.

Menos mal que Jane, la gordita del grupo no es tan mala y evita que Jenny muera. Eso le cuesta la enemistad de Sandy, que jura vengarse.

Por fin Jennifer empieza a usar su poder y Sandy encuentra unas culebras en su taquilla.

Aunque todo queda en una paranoia ya que de pronto las culebras han desaparecido.

Pero la guerra no ha hecho más que empezar. Al día siguiente Jennifer se ducha después del trabajo en el comedor y descubre que alguien se ha llevado su ropa.

Unas voces gritan su nombre en la oscuridad y Jenny corre hasta que encuentra sus ropas colgadas en unos hierros. Para alcanzarlas sube por una escalera…

…pero unos flashes la asustan y Jenny cae a la piscina mientras le sacan unas fotos.

En casa, Jennifer llora y abraza a su gatito, el único que es bueno con ella.

Al día siguiente, el gatito ya no está. Padre lo ha vendido. Jenny se enfada y tienen una discusión gracias a la cual descubrimos el motivo de que ella perdiera “El Poder”. Jenny se sintió terriblemente culpable de la muerte de su hermanito de 7 años cuando este intentó emular el numerito de Jenny con las serpientes.

Esa noche Sandy y las chicas se divierten. Ella se ha vuelto a poner su estilismo preferido y pasan una noche loca de las que a ella le gustan: hace que un amigo suyo viole a Jane la gorda en el ascensor y después improvisan unas carreras de coches.

A partir de aquí todo se precipita. Jennifer abre su taquilla y se encuentra esto:

Su gatito ahorcado es más de lo que puede soportar y ya en casa Jennifer se pone un camisón y decide invocar el poder de las culebras.

En el instituto se monta un revuelo enorme por lo del gato y Sandy conspira para que todo el mundo crea que Jennifer ha llegado demasiado lejos con sus excentricidades.

Pero Jenny no se queda atrás y le hace una visita a Jane, que está traumatizada por lo de su violación y se hacen amigas.

Eso sí, Jenny está muy rara y lleva  unas culebras en el bolso. Le pide a Jane que meta la mano dentro para comprobar si su corazón es puro.

Mientras tanto el profesor defiende a Jenny y la directora decide expulsarlo.

Y así nos acercamos al fatal desenlace. Sabemos que Sandra Tremaine está maquinando la Gran Maldad definitiva porque la vemos en la tienda de animales haciendo un encargo misterioso a padre.

Padre le dice: “Oye, no serás una de esas que molestan a mi hija en el Instituto.” Ella contesta: “Para nada, Jenny y yo somos superamigas.”

Por la noche Sandy y su amigos se ponen unos pasamontañas y secuestran a Jenny mientras duerme.

Atada y amordazada la meten en el maletero de un coche y se la llevan lejos.

En sus oídos retumba la voz de su padre recordandole el maravilloso poder de invocar a las serpientes.

Ya fuera del coche Sandy y los demás la llaman asesina de gatos.

Pero Jenny se muestra serena, ni siquiera las brillantes luces la intimidan.

Hasta que de pronto:

Aparecen serpientes por todas partes, grandes, pequeñas, gigantes, que atacan a todo el mundo. Aterrorizada, Sandy se monta en el coche y huye pero una serpiente enorme la ataca y su coche se estrella.

Al día siguiente en Green View…

La directora está convencida de que Jennifer tiene algo que ver con la masacre que ha terminado con la vida de varias estudiantes de Green View. Jenny dice que la policía no lo cree así y que han encontrado drogas en el lugar de los hechos. Más asertiva y resuelta que al principio de la película Jenny sale del edificio y se reúne con Jane, su nueva amiga.

Desde el despacho de la directora llega un grito. Una serpiente oculta en el cajón le ha mordido. Por fin una sonrisa asoma en el rostro de Jennifer.

FIN

Rinocerontes

Publicado en Movies con etiquetas el 25/10/2011 por insermini

Dr. Insermini se complace en presentarles una nueva entrega de la sección Todo Spoilers. David Marmota, de Vivir en Tucson nos destripa el argumento de El Asesino No Está Sólo (1975. Jesús García de Dueñas), un turbio relato de crímenes en la España de los 70 conocido por muchos como “el giallo de Lola Flores“. Pónganse cómodos, enciendan un cigarrillo y si cuando terminan les parece oir unos cascabeles en el pasillo de su casa no se asusten. Directamente desde Tucson: El Asesino no está sólo.

1. Asesinato en Avilés

Los oscuros senderos del crimen nos llevan a Avilés, donde una prostituta (Maria Rohm) es asesinada en una pequeña casa destartalada cerca del puerto. El asesino es Julio (David Carpenter), que la mata con un pequeño alambre, que tiene un pequeño rinoceronte que cuelga de él como un llavero.
¿Y el motivo? Pues todavía no está muy claro, pero parece que ve en ella todos sus traumas infantiles, por su parecido con Marta (Maria Rohm, otra vez), la chica que le acompañaba cuando sus padres no estaban (casi siempre). También parece que le molestaba el ruido de cascabeles (sí) que venía de los zapatos de ella.
Julio huye hacia la playa tras matarla entre visiones de maniquies sin cara.  De momento esta es toda la información que tenemos.
2. Solo otra vez…naturalmente
Ann Collins, con voz de Jeanette, nos canta en los créditos “No le roces con tu sonrisa:

Enrique Nieto (James Philbrook) habla en su despacho con un ayudante sobre pedidos y barcos. Recibe la llamada de una de sus secretarias. Su hijo está en la sala de espera.
Su hijo es Julio, claro, que ha ido a contarle algo a su padre sobre la última noche. Su padre lo hace esperar, está ocupado. Y por la cara que pone parece que no es la primera vez.
ATENCIÓN: Mientras espera en la salita, Julio vuelve a escuchar el ruido de cascabeles en los pies de las secretarias (y ellas no llevan unas llamativas plataformas blancas con alas).
Julio corre hacía su casa. Su madre está allí preparando las maletas para un viaje a Amsterdam (“¿Quieres que te traiga algo de Amsterdam?“, le dice) y no está para escuchar las aventuras de su hijo.
Julio saca una cantidad de dinero que tiene escondida en uno de los rifles de la colección de caza de su padre. Junto a los rifles, vemos rinocerontes de todo tipo.
4. El coleccionista de rinocerontes
Mira, aquí están:
5. Academia de baile Dolores
Ante la indiferencia, la huída.
Un tren a Málaga, unos días de descanso. Julio escapa de sus padres en un tren, pero no de sus problemas. Les escribe una carta mientras escucha un ruido de cascabeles que viene de los zapatos de una viajera.
La señora Dolores tiene una academia de baile y una pensión. A Julio se la han recomendado en la estación, es céntrica y tranquila.
Pero nada más llegar hay unos huéspedes peleándose por el ruido de una máquina de escribir.
Dolores (Lola Flores) media entre ellos y atiende al recien llegado, dándole la habitación de Don Raimundo, que parece ser un huésped legendario.
ATENCION: Al firmar en la hoja de inscripción vemos unas marcas de quemaduras en las manos de Julio.
6. Entre sin llamar
Junto a su habitación está la de Teresa (Maria Rohm, otra vez), enfermera de noche, que se ofrece para lo que guste. Julio, con su cara de palo habitual, no se da cuenta de que ese ofrecimiento es “sexo entre huéspedes” y se va a ver la ciudad. En la puerta se encuentra a Mónica (Teresa Rabal) todo sonrisas, que le dice que es la hija de Dolores y que los domingos hay besugo (su especialidad).
7. Manolas en el supermercado
Julio está en una cabina intentando localizar a su padre.
Las secretarias le siguen diciendo que está ocupado. No tiene ni un sólo segundo para un hijo que ha viajado a Málaga en plena Semana Santa escondiéndose de un crimen.
8. El Club Social
La madre, Carmen (Mayrata O´Wisiedo), fuma y juega a las cartas con sus amigas todas las tardes. Ni sabe del paradero de su hijo, ni nada. Entre partida y partida de mus, sólo le importan las cosas que le cuentan sus amigas.
Su padre acaba de recibir la carta y (por fin) está preocupado.
¿Dónde está su hijo? ¿Porqué se ha ido? Su visita al club no le aclara nada, Carmen está concentrada con la partida y le dice que tal vez ha huido para visitar a una chica que ha conocido por ahí. O algo.
ATENCIÓN: El padre incrementa su preocupación al leer la noticia del asesino del alambre en los periódicos. ¿Es posible que sepa algo de los instintos homicidas de su hijo?
9. Un cadáver a los postres
Don Juanito piensa en “faldas” a la hora de la cena. Dolores habla de las fotos de la mujer muerta en Avilés. Don Ernesto, escritor de novelas de bolsillo, investiga el caso por su cuenta y desvela sus pesquisas frente a la sopa: Piensa que el culpable es alguien perturbado, que hay que buscar la razón que lo motiva a hacer eso. Mónica sonrie nerviosa al hablar de crimenes sexuales. Dolores pide precaución por lo que se dice delante de ella. ¿Y Julio? Julio calla y toma la sopa. Están hablando de él. Se para la imagen mientras tiene un par de visiones.
10. Yo te saludo, Pilar
Nuevo día, nuevas aventuras.
El despertador de Dolores suena a las 8. Tarda un poco en apagarlo, se sienta en la cama, se arregla el pelo frente al espejo, se pone su bata y descorre una gruesa cortina, tras la que hay un buen surtido de virgenes, entre las que destaca una Virgen del Pilar. Le coloca bien su gran corona, se santigua y va hacía la cocina a preparar los desayunos.
ATENCIÓN: Los pasos de Dolores por el pasillo despiertan a Julio. Inmediatamente, vuelve a su cabeza el habitual ruido de cascabeles. Este ruido viene acompañado de una visión del Julio-niño jugando con trenes y quemándose la mano.
11. Boutique Don 
Tras esa intensa mañana de visiones, Julio se dirige a la Boutique Don, donde trabaja Mónica. Allí se compra un jersey que se lleva puesto. “Yo de tí no lo haría, te picará” le dice Mónica. Se miran durante un rato. Sin duda, se gustan.
Otro escenario. Paseo por el parque. Hablan de lo que le costó a Dolores sacar adelante la pensión y la academia de baile tras la separación de sus padres.
Entre drama y drama, hablan de las aficiones de él:
“- ¿Qué cosas te gustan?- pregunta ella.
- Te confesaré un secreto- contesta él-. Lo que más me gusta del mundo son las salchichas de frankfurt. Las como a todas horas. Y los rinocerontes. Mi padre tiene la mejor colección del mundo.
- ¿Qué más cosas te gustan?
- Pues aparte de las salchichas y los rinocerontes, me gusta la gimnasia, pasear solo…
- Pareces muy reservado. Te gusta la soledad, pero se está bien contigo. No me gusta la gente muy ruidosa. Tenemos los mismos gustos, menos los rinocerontes.
Tras el agradable paseo, lleno de confesiones, vuelven a la pensión. Es tarde. Pero no están solos en la madrugada, Dolores observa desde el balcón. Y no parece gustarle lo que ve.
12. Te gusta mirar, ¿verdad?
Una mañana más en la pensión y sin novedades sobre el paradero del asesino del alambre.
Don Juanito le enseña a Julio algo increíble tras la estantería de su habitación. Al bajar los libros del último estante de arriba se ve la habitación de Teresa. Debe saberse observada, porque su comportamiento es bastante extraño (baila frente a un espejo).
Como extrañas son las imágenes que vienen a la cabeza de Julio al verla (la imagina tumbada en una cama, como un maniquí sin cara).
Julio empieza a gritar con las visiones y echa a Don Juanito de la habitación con cajas destempladas. Este sale gritando “Julio está chalao“.
ATENCION: Dolores ve la escena y se va a preparar la comida del domingo con el ceño fruncido. Tal vez sospecha algo de ese chico “reservado”.
13. Alguien lloró en la cabaña
Mientras tanto, su padre intenta averiguar el paradero de su hijo por su cuenta. Va a visitar a un amigo de Julio,  Ernesto (Antonio Mayans), que le dice que no sabe nada de él desde lo del picnic junto a la cabaña. “¿Qué sucedió?” pregunta el padre.
Los recuerdos de Ernesto nos llevan a  Sara (Maria José Cantudo) y otros amigos, sentados junto a la barbacoa. Sara le dice a Julio que la acompañe a la cabaña de madera que hay al lado. Allí, le entrega un pequeño rinoceronte plateado con un alambre que nos es familiar.
No le debe gustar, porque la insulta cruelmente. Sara corre junto a un árbol y allí sigue llorando un rato hasta que Ernesto acude a consolarla.
Cuando va a reprocharle su actitud a Julio, este ha desaparecido. Nada raro en él.
Enrique va entonces en busca de Sara, que le cuenta entre sollozos, que él la insultó y le dijo que era “igual que Marta“. “Pero yo no conozco a Marta, ¿Quién es?“- le pregunta al padre. El padre dice no saberlo, pero su cara expresa todo lo contrario.
14. Hot Dog para dos
Ajenos a las investigaciones de Enrique, Mónica y Julio van a comer un hot dog en una céntrica bocateria.
Él lo parte por la mitad con el alambre del rinoceronte y cada uno coge su parte.
Inmediatamente, en un rápido cambio de plano, los vemos en el portal de la pensión. Ella intenta besarlo y él…huye, claro. Ella se queda bastante parada, él no puede evitar tener esas reacciones.
15. Usted morirá en su nave espacial
Vagando por las calles llega al “Tú y yo“, conocida sala de fiestas de la ciudad. Allí se encuentra a Teresa, que alterna con un cliente. Así que eso que dijo una vez sobre su trabajo de enfermera, nada. Él se molesta con el encuentro, ella no tanto.
Le pide que no cuente nada sobre su verdadero trabajo y le invita a una copa para celebrar su secreto. Termina la jornada en 10 mínutos.
Del “Tú y yo” van a un hotel futurista donde se repite todo lo que hemos visto en el punto 1, incluído el asesinato con un alambre.
ATENCIÓN: Después del asesinato se imagina solo en una cama, donde alguien le está vendando la mano izquierda. Es Maria Rohm, pero parece que no es ni la prostituta del principio ni Teresa, sino Marta, su cuidadora.
16. Huída hacia adelante nº XVII
Discusión en la academia entre Dolores y Mónica:
“- ¡Me haces daño, mamá! ¡No me sale y no me sale, lo mío no es el baile!
- No seas melindre, niña! Tienes que practicar, no vas a estar toda la vida en la boutique. Y baja esos humos de independencia, que mientras seas menor de edad estás bajo mi custodia.
- No exageres, mamá
- Yo no exagero, ¿Crees que puedes andar por ahí, haciendo lo que te da la gana? Sé muy bien lo que te conviene. Deja de tontear con ese muchacho. Te he visto más de una vez con él. Él es un hombre y tú sólo una niña. Igual hasta tiene novia formal…
Tras la discusión, Dolores se reune con los huéspedes, que están en el salón, donde Don Ernesto habla del reciente asesinato, que aparece en los periódicos. Don Ernesto ve claramente que se trata de un maniaco sexual, porque todas las victimas eran prostitutas, y que debe tener un comportamiento motivado por una experiencia traumatizante que se haya burlado de su hombría en la infancia. Julio escucha todo esto, atento y callado.
El padre llega a Málaga con un detective. No sabemos muy bien como, pero ha conseguido averiguar que se refugió ahí, en plena Semana Santa. Cuando el detective le pregunta por algunos datos característicos, el padre responde: “Es alto, fuerte, le gusta comer salchichas, en cualquier lugar y hora, y los rinocerontes. Coleccionarlos es nuestro hobby, pero no son de verdad ¿eh?, si sabe de algún sitio donde los vendan…“.
Con estos datos y la ayuda de otros dos detectives, consiguen localizarle en la terraza de un bar (el otro hace guardia en el bar de los hot dogs), donde Mónica le está regalando un rinoceronte de cerámica azul.
“Es él, sin duda” parece pensar. Llama a Enrique, pero cuando acude al lugar, se da a la fuga, claro, escondiéndose entre las procesiones.
17. El trauma, paso a paso
Mónica está dispuesta a ir con Julio a cualquier lugar (“Escondámonos de todo y de todos, no nos encontrarán”) pero antes necesita saber algo más del cadáver esquivo de este (“Es por Marta, ella me engañó…era como mi madre y Marta me engañó”). “¿Quién es Marta?”, pregunta Mónica.
Ha llegado la hora de la verdad, ¿Qué hizo la cuidadora Marta con Julio?
Julio-niño juega con trenes. Marta entra en la habitación, tocándolo todo.
Marta tropieza con un tren de juguete.
Julio-niño se quema con el tren, por culpa de Marta.
Marta le venda la mano mientras llora.
 Mientras lo venda se cae un santo de la estanteria.
Marta acuesta y tapa al Julio-niño.
Tras la revelación, Julio pide algo difícil de cumplir:
No te hagas nunca mujer, no seas como ella, como todas.”
18. Boutique Don 2, en detalle
Ya queda menos para saber quien se esconde detrás del asesino del alambre. Don Ernesto, periódico en mano, enseña el retrato-robot, según la descripción del sereno, que vio al asesino salir del hotel con habitaciones con decoración de nave espacial.
Julio está jugando al parchís con el viejo Don Gonzalo, al que pregunta por las fábricas de sus familiares en Colombia con voz temblorosa, y cuando escucha las noticias de Don Ernesto y ve que eso que sale en el periódico es su vivo retrato, sale corriendo hacia la Boutique Don. Allí le dice a Mónica que es necesario escapar urgentemente. Ella le pide que se serene, pero él sólo quiere hablar de escapar lejos (“Iremos donde quieras mi amor“).
19. Dolores se hace mayor, pero se conserva bien
Julio vuelve al hostal. Dolores le plancha sus camisas en su habitación. Se sorprende con su llegada y se sienta junto a él en la cama. Le habla de su negocio, de la pobre Teresa, de su hija que crece, y de que ella está sola, ahí, en el hostal. De que los huéspedes son su familia, porque ella se separó cuando Mónica aún era muy pequeña. De que quiere un hombre, pero que es tan difícil, porque entre la academia, y ocuparse de llevar la casa… Le pide que se siente junto a ella. Julio es guapo, Y ella se ha dado cuenta, claro, y también se ha dado cuenta de que a ella no le importa compartir amante con su hija, claro que no.
Pero Julio no ve en ella a una señora estupenda, ella sólo podría ser otra victima más. Pero Dolores es fuerte, no es como las otras, y al sacar el alambre, escapa de él gritando “¡Es él, él es el asesino del alambre!” Todos los huéspedes salen de las habitaciones mientras Julio huye por la ventana.
Llegan los detectives, llega el padre, y todo el mundo en general.  A altas horas de la noche, Julio llama desde una cabina, Dolores se pone, pero él quiere hablar con Mónica. Mónica no está puesta en antecedentes sobre la seducción frustrada y el intento de asesinato de su madre.
Le pide que se reuna con él en el parque, junto a los rinocerontes. No estarán solos.
20. Morir entre rinocerontes.

Amanece en el parque. Mónica y Julio se abrazan. Ella quiere saber que ha hecho, porqué se comporta así.

Él no responde. A lo lejos la madre habla con un guardia civil sobre dramas cotidianos, mientras otros apuntan a Julio. Su padre está con los detectives tras unos arbustos.

Mónica besa a Julio. Él se echa la mano al bolsillo.
Antes de que pueda sacar el alambre, ya le han disparado un par de veces.
Cae al suelo. Todos se acercan hacia Mónica, que llora junto a la verja de los rinocerontes, testigos silenciosos de su corta relación.

FIN

+ Todo Spoilers

Romanticismo Pop

Publicado en Movies con etiquetas , el 04/10/2011 por insermini

Varios meses después de su primera entrega retomamos la sección Todos los spoilers del mundo, gracias a la enorme generosidad de El Hombre Confuso, que se prestó a ver y después contarnos con todo detalle de qué va Ladrón de Pasiones, un clásico ochentero del Romanticismo Pop escrito y dirigido por Douglas Day Stewart y protagonizado por Steven Bauer. Algunos la recordaréis y seguramente a más de uno os transportará a la época dorada de los videoclubs, cuando había uno en cada esquina y sólo tenían VHS.  Era la típica peli que te encontrabas en las estanterias.

Para quien no lo sepa en esta sección se destripa a fondo la trama de una película, desvelando todos los spoilers para que así, una vez leída la entrada ya no tengáis que verla. Sin más preámbulo os dejo con este clásico pop que lo tiene todo. Poneros cómodos  y tened a mano los kleenex que sin duda vais a reir y a llorar… Con todos vosotros: Ladrón de pasiones. Narrada por El Hombre Confuso.

Los sintetizadores suenan sin parar mientras sobrevolamos un colapsadísimo puente. Todo parece indicar que nos encontramos en San Francisco, allá por los 80. Un joven atractivo conduce sin preocupaciones. Nada bueno trama en la mirada. Se atusa el pelo y cambiamos de plano.


Un descomunal todoterreno aparca delante de un restaurante típicamente francés. Se apea una pareja, visten de gala y parecen clientes habituales. ¿Él es Chevy Chase?. No, pero podría serlo. Chevy y señora entran en el restaurante acompañados por un camarero pelirrojo, con tupé a lo Rick Astley.

En cuanto pierde de vista a la pareja, Rick Astley llama al joven despreocupado. Definitivamente, no tramaba nada bueno. Piensan desvalijarles la casa aprovechando su ausencia. Vuelven los sintetizadores y empieza la acción. Jarrones de cristal, cuadros gigantes de señoras tomando café, unas fotos sexys, una caja cerrada con llave, todo es poco para el joven misterioso.

Mientras en el restaurante, Chevy y señora celebran su sexto aniversario de bodas. Ella es diseñadora y decoradora. Él escritor de cuentos infantiles. Ella lleva el pelo cardado por delante y vestido negro de tirantes. Él gafas redondas, una pajarita, pantalones de vestir y zapatillas de deporte blancas.

Se aburren mientras hablan de trabajo. Se nota cierto retintín en la voz de ella, parece que la cena va a ser corta.

Al volver a casa, se confirman nuestros peores temores: Chevy viste fatal y encima, les han robado.

El joven despreocupado se encuentra ya en un oscuro almacén, con todo su botín, mientras descarga adrenalina golpeando un saco de boxeo. Debe llevar un buen rato por los profundos charcos de sudor que empapan su camiseta de tirantes. Creemos que no tardará en quitársela. Rick Astley juega con una navaja mientras contrata los servicios de una prostituta para su compañero. Definitivamente, el pelirrojo no es trigo limpio.

El joven despreocupado, pese a su torso velludo, es una persona atormentada y no puede practicar sexo con una prostituta cualquiera, de pechos pequeños y melena muy rizada.

Le suelta el típico “no eres tu, soy yo” y le da 10 dolares para que se compre un vestido bien bonito. La prostituta simula una sonrisa de amabilidad ante la imposibilidad de beneficiarse al joven.

Chevy, por su parte, también aparece sin camisa en la cama, pero no es lo mismo. Mientras tanto, su mujer, de nombre Mik, se siente ultrajada, ¡los ladrones le han robado su diario! Chevy bromea sobre no sé que de las joyas de la familia y se mira los huevos. Parece que, extrañamente, el robo le ha puesto cachondo e intenta un acercamiento. Mik le para los pies, está muy nerviosa… y con razón.

En su guarida el joven despreocupado está leyendo el diario en la cama, en calzoncillos y acompañado de una fotografía de Mik a tamaño natural, con aspecto cadavérico y amortajada con un camisón blanco de cuello alto y puntilla. Aún así, notamos que le gusta.

Rick Astley sigue obsesionado con buscarle prostitutas al joven despreocupado, que hemos descubierto que se llama Scott, y le prepara una orgía con dos jovencitas y mucha droga. Empezamos a pensar que el pelirrojo lo que quiere es ver desnudo a su compañero. Pero éste no está por la labor y se va a casa a comer col con bechamel mientras lee el diario de Mik.

Claramente inspirada por Jackie Collins, Mik ha escrito frases del estilo “Odio a los hombres que fuman. Adoro a los hombres que dan cheques”, “el agua es curativa, el agua es sexual”, “acaricia su cuerpo frotándose loción en la piel”, “rodea mis pechos y me derrito bajo el sol”. Normal que prefiera esto a las prostitutas…

Mik vive atormentada, sabe que Scott está leyendo su diario y no puede soportarlo. Para aliviar su vacío, empieza a escribir otro diario, mientras toma un baño caliente. Dejándose llevar por la sensualidad del momento se masturba.

A estas alturas, nos damos cuenta que Mik es un poco Molly Ringwald y un poco Emma García también.

Ataviada con una preciosa falda verde, Mik retoma su vida. La vemos salir del supermercado con dos grandes bolsas de papel marrón repletas de comida, disfrutando de un día soleado. Pero cuando está a punto de llegar a su coche, un joven le da un empujón y toda su comida termina por los suelos. Mik le mira asustada mientras el joven despliega una amplia sonrisa y amablemente le pide perdón. ¿Cómo os quedáis si os digo que es Scott?.

Al volver a casa, Mik encuentra a Chevy imitando a un mono. No entendemos porqué sigue casada con este tipo. Aún así, ella, muy excitada por su encuentro con Scott, intenta seducir a su marido, chupando sensualmente una cuchara de helado.

Se sienta a horcajadas encima de él y empieza a desabrocharle la camisa. Pero Chevy está creando cuentos infantiles y no tiene tiempo para tonterías. Mik, resignada, se va a dormir al sofá.


Cambiamos de plano y no podemos creer lo que ven nuestros ojos.

La cámara sigue los pies de Mik, con unos fantásticos tacones, mientras compra en un supermercado decorado con las estrellas del paseo de la fama. Por casualidad, Mik y Scott se encuentran al lado de una importante cantidad de ajos. Ella no lleva sujetador y él lo sabe.

Sutilmente Scott le insinúa que busca una decoradora y ella le invita a la inauguración de una cocina que ha diseñado. A él no le parece raro que se inaugure una cocina, así que deducimos que esto en Estados Unidos es normal.

Suena la música y entramos en la inauguración. Mik está espléndida, Scott toma la delantera y la invita a comer en su yate al día siguiente. Ella, inocente, cree que se trata de una comida de negocios para encargarle la decoración de su apartamento, pero nosotros sabemos que se equivoca.

A Mik le falta el aire, y a nosotros también.

Tras restregarse todo el cuerpo, en lugar de llevarla directamente a la cama, se van a una academia de tiro, para que Mik aprenda a manejar una pistola.

Scott le muestra su técnica, ella mira extasiada. Ondas de virilidad salen de la pantalla.

Él la rodea con sus fuertes brazos, ella sostiene con fuerza la pistola, él le abre las piernas y le coge la cintura, ella dispara con precisión, hasta que él, por fin, le desabrocha el sujetador.

Ya desnudos aparecen en su apartamento, ella está nerviosa pero él insiste. Scott le promete todas las formas y posturas que ella siempre había deseado y claro, ya no puede resistirse, aunque nosotros de todas estas posturas no vemos nada…

Chevy, por su parte, se ha dado cuenta, a estas alturas, de que está perdiendo a su mujer y se sincera con un amigo, mientras pasean por una playa desierta, llena de gaviotas, lloviendo y muertos de frío. Es entonces cuando, en un ataque de valentía, decide enfrentarse a Scott. Acompañado de su amigo siguen al joven hasta la guarida que comparte con Rick Astley y descubren que dentro del almacén hay algunos de los cuadros que robaron en su casa. ¡Scott es un ladrón y tienen que avisar a Mik! Pero Rick Astley lo ha visto todo desde dentro…

Mientras Chevy recorre la ciudad, Scott ha llegado a casa de Mik para proponerle que se marchen de la ciudad. Ella, un tanto reticente, le dice que no pero él insiste e insiste hasta causar más miedo que otra cosa.

En eso, Chevy entra por la puerta y los dos hombres se enfrascan en una dura pelea. O en lo que debería ser una dura pelea, porque en realidad Scott simplemente le da un puñetazo en el estómago a Chevy y ahí acaba la cosa. Mik se pone de parte de su marido y Scott se larga de casa.

Ansiosos, llegamos a la escena final. Mik y Chevy vuelven al restaurante donde empezó la película. Felices, deciden empezar de nuevo.

Mientras, en casa de la pareja, un encapuchado está leyendo el diario de Mik. Se quita la máscara y vemos a Scott llorando. Pero no está solo…

Rick Astley ha aprovechado la ausencia del matrimonio para volver a robar. Scott y Rick se enzarzan en una pelea, hay navajas y sangre, pero vemos poco, está todo muy oscuro…

Chevy y Mik llegan a casa y escuchan los ruidos. Llaman a la policía. Un hombre encapuchado aparece al final de la escalera. Apunta al matrimonio con una pistola. Todo es muy tenso, no sabemos como va a terminar.

Mik saca su propia pistola y apunta al encapuchado. Se escucha un disparo y el encapuchado cae al suelo en medio de un charco de sangre. Mik está aturdida, no recuerda haber disparado.

Llega la policía. Le quitan la capucha al muerto y vemos que es… ¡¡Rick Astley!!

Mik sube a la habitación y se encuentra con Scott a punto de escapar. Está herido. Ha sido él quien ha matado a Rick Astley. Suenan cada vez más sirenas de polícia, debe irse ya. Se miran fíjamente a los ojos y Scott salta por la ventana. Mik deja escapar una lágrima…

Sintetizadores y títulos de crédito.

Fin de la película. ¡Chan Chan!




Peligro! Beatniks!

Publicado en Movies con etiquetas , el 09/02/2011 por insermini

Hoy empiezo una nueva sección que podríamos llamar Todos los spoilers del mundo en la cual, saliendome de la tónica habitual del blog os voy a contar una película con todo detalle, haciendo especial hincapié en eso que se conoce como spoilers  y que tan feo está  desvelar. Los detalles más sorprendentes, los giros  inesperados de una película puestos boca arriba para que después de leer la entrada ya no tengáis necesidad de ver la película. Porque un servidor os la ha destripado toda.

No me parece mal empezar con The Beat Generation, una producción de la MGM de 1959 filmada en Scope y en blanco y negro que como ya anuncia desde el mismo título aborda el célebre movimiento Beat. No figuran en los créditos Kerouac, Burroughs ni Allen Ginsberg. Esta es una película 100% hollywoodiense que utiliza los ambientes y tópicos de la cultura Beat como telón de fondo para contarnos un típico relato policíaco. Como váis a ver no deja muy bien parados a los pobres beatniks. Empecemos sin más, que esto va para largo.

The Beat Generation empieza con Louis Armstrong cantando una canción que se titula igual que la película. Está actuando en un club de jazz frecuentado por lánguidos beatniks que mueven la cabeza delicadamente con la mirada perdida en el techo. Enseguida conocemos a uno de los protagonistas, Stan, un beatnik descreído que disfruta leyendo a Schopenhauer y no lamenta que su novia se marche a la costa este a miles de kilómetros porque él es un moderno que tiene ya muy desmitificado el concepto tradicional de las relaciones de pareja. Para él las relaciones  esclavizan a la gente y les impide vivir la vida con intensidad. Cuando su novia le toca el brazo él se lo aparta y  vuelve a sumergirse en la lectura de Schopenhauer.

Ray Danton, un actor dotado de una voz profunda interpreta al beatnik. Después de la nada romántica conversación  que tiene con su novia descubre a su padre en el mismo bar. El padre va acompañado de una jovencita que resulta ser su nueva esposa. Stan se acerca a ellos  y cuando su padre le presenta a su nueva madrastra él se pone muy cínico y se burla de la obsesión de su padre por el matrimonio. Lo interesante empieza después, en la escena siguiente.

Una mujer lee una revista mientras practica con el hulahop. Llaman a la puerta y ella acude a abrir visiblemente disgustada porque, como enseguida descubrimos no espera compañía.

En la puerta Stan, muy repeinado y arreglado pregunta por el marido de la mujer. Ella le dice que no está en casa. Él le dice que sólo quería devolverle un pequeño préstamo que le hizo. Cuando va a rellenar un cheque por valor de 10 dólares Stan apela a la hospitalidad de la mujer y se introduce en casa. Ella está visiblemente extrañada por la situación. Va vestida con mallas, con el hulahop en la mano y un hombre apuesto y educado pero desconocido al fin y al cabo le da conversación en su salón.

De pronto el hombre se lleva las manos a la cabeza quejándose de un dolor de cabeza. Saca unas aspirinas del bolsillo y le pide a la mujer un vaso de agua.

El hombre aprovecha para sacar unos guantes, se los pone y en cuanto la mujer vuelve con el vaso de agua la ataca por la espalda y la arrastra hasta otra habitación.

Oímos los gritos y los gemidos de la mujer mientras la cámara muestra el vaso roto en el suelo.

Tras una elipsis que nos hace suponer que el beatnik ha violado a la mujer del hulahop le vemos salir de nuevo a la calle, hecho un pincel. Un coche que se acerca está a punto de atropellarle y el conductor, abochornado, se ofrece a llevarle al hospital. Resulta ser un sargento de policía llamado Dave Culloran.

El beatnik toma buena nota de ello anotándo el dato en una libreta. Más tarde, el policía llega a su casa y le vemos con su mujer Francee. Por lo que se ve la pareja es feliz aunque a ella le molesta que su marido le aplique un tercer grado sólo porque no estaba en casa en el momento en que él la ha llamado esa mañana. Dice sentirse como uno de los delincuentes con los que trata. Tienen una pequeña discusión pero finalmente hacen las paces.

Una llamada avisa al sargento Culloran de la violación de la mujer del hulahop.

En la escena del crimen, la mujer está en la cama, en estado de shock. Durante el interrogatorio el policía deja ver sus dudas acerca del relato de la mujer. No tardamos en darnos cuenta de que el sargento Culloran es un misógino que piensa que las mujeres son todas unas putas. Su compañero Jake se lo recrimina en una conversación.

Una llamada alerta a Culloran sobre un joven que se parece mucho al retrato robot del violador realizado a partir de la descripción que ha dado la mujer del hulahop. Sin embargo en una rueda de reconocimiento la mujer no se muestra muy segura de que sea él.

Lo peor está por llegar. El auténtico violador llama a Culloran y le cita en un club de jazz. Mientras Culloran y su colega están en el lugar a la hora acordada el beatnik violador se presenta en casa del policía.

Le abre Francee, él vuelve a usar la historia del préstamo, consigue entrar en casa y al poco finge dolor de cabeza y pide un vaso de agua.

Mientras todo esto sucede, los policías presencian una lectura de poesía a cargo de una irreconocible Vampira, que interpreta a una beatnik aficionada a leer poesía mientras sostiene una rata en su regazo. La tragedia se masca en el ambiente. Los policías han caído en la trampa del violador y cuando Culloran regresa a casa es demasiado tarde. El honor de su mujer ya ha sido mancillado.

Como comprenderéis el policía se cabrea seriamente y mueve cielo y tierra para descubrir  al culpable. Siguiendo una pista, él y su compañero no dudan en simular ser una pareja que se manosea en el interior de un coche.

Pero el tiempo pasa y no consiguen nada. Para colmo, una Francee totalmente destrozada le comunica al marido que está embarazada. Le horroriza pensar que el hijo sea fruto de la violación. Le advierte a su marido que ella pasa  mucho de tener un bebé de un beatnik violador y que está dispuesta a abortar. Culloran le dice que no puede hacer eso porque el aborto es ilegal.

Mientras tanto el violador organiza un encuentro con el hombre al que confundieron con él, que participó en la rueda de reconocimiento y se las ingenia para manipularlo y presionarlo para que se una a la causa de violar a mujeres casadas.

De esta manera además, podrá despistar a la policía, que ya le ha bautizado con el nombre del “violador de la aspirina”. La víctima elegida es Georgia Altera, una pin-up de pelo oxigenado interpretada por Mamie Van Doren. Lo que sucede es que Georgia es una mujer de moral algo distraída, y contra todo pronóstico no hace otra cosa que intentar seducir al violador.

Él finge el dolor de cabeza y dice que necesita tomarse una aspirina pero ella insiste en que le sentará mejor una cerveza. Cuando ella vuelve con la bebida entra en casa su marido, del que en realidad se acaba de divorciar. Esto frustra todos los planes y el aspirante a violador sale por patas.

Más adelante la policía interroga a Georgia y al ex-marido sobre lo sucedido. Ella insiste en que el chico era muy majo y que no había nada malo en su comportamiento.

Por otra parte, Francee sigue muy angustiada por lo de su embarazo y acude a casa de una amiga para comunicarle que quiere abortar y que necesita su apoyo para hacerlo. La amiga, que resulta ser católica le explica que eso es algo terrible y le pide que escuche a un amigo sacerdote antes de seguir adelante con su decisión. Naturalmente el sacerdote le explica que el bebé es un ser vivo  inocente, que  acabar con su vida sería un crimen y blablabla.

Culloran está cada vez más obsesionado con el caso del violador de la aspirina. Su matrimonio está fatal a causa de todo lo sucedido pero pese a todo no escucha a su compañero cuando le advierte que si no deja el caso perderá a Francee. De hecho después de esta conversación descubre que ella ha abandonado el hogar. Pero él no se hunde y sigue adelante con su teoría: que el violador intentará ver de nuevo a alguna de sus víctimas y todo apunta a que la elegida será Georgia. Así Culloran intenta ganarse la amistad de la pin-up. Ella, como es de moral distraída, se deja querer pero se enfada cuando se siente manipulada.

En una visita a su mujer, Francee le comunica que ha decidido que quiere tener al bebé y quedárselo. Que ya no le importa quien sea el padre. Él le promete apoyarla en todo pero justo entonces recibe una llamada de Georgia para decirle que ha decidido colaborar y que ha quedado con el violador. Naturalmente él sale corriendo dejando sola de nuevo a su mujer.

Aquí me permito una elipsis y nos plantamos en la parte final. Tras una serie de desencuentros, por fin Culloran y Georgia se citan en la playa con el violador y su compinche. Allí se produce una pelea y los malos se llevan al policía y a la pin-up a un lugar de beatniks, donde escuchan música rara y hacen extrañas perfomances.

Georgia y el policía están atrapados pero ella consigue convencer al compinche de que si les libera él se  librara de la justicia. Mientras tanto el violador alterna con los beatniks y les anima a bailar y a entonar cánticos antisistema.

El enfrentamiento final entre Culloran y el beatnik violador se produce en la playa, cuando el beatnik intenta escapar haciendo submarinismo. El policía no duda en zambullirse y en enfrentarse al beatnik bajo el agua.

Una vez capturado, el beatnik violador se marca un speech anti-mujeres. Georgia, asombrada dice: “es un lunático”. Entonces el policía, que también era un rato misógino contesta que sí y que él también lo ha sido durante mucho tiempo. Se deja entrever que con todo lo que le ha pasado ha aprendido a respetar a las mujeres.

Y así llegamos al final, que no puede ser otro que la familia reunida, con el bebé. Los buenos ganan.

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